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domingo, 10 de enero de 2021

El reto ahora es distribuir las vacunas de la COVID-19


La carrera para encontrar la vacuna contra la COVID-19 ha terminado. Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC), ellos aprueban y recomiendan dos vacunas: la de Pfizer-BioNTech y la de Moderna. Otras que se encuentran en fase 3 de pruebas clínicas son: AstraZeneca, Janssen y Novavax. China y Rusia también han desarrollado vacunas por sus propios medios. En total, según la OMS, más de 50 candidatas a vacunas se encuentran en distintas fases de pruebas.

El hecho de que a menos de un año que se declarara oficialmente la pandemia de la COVID-19 ya se cuente con multiples vacunas es en si un logro impresionante. Las vacunas, para cualquier enfermedad, tipicamente se demoran más 10 años en llegar, navegando entre investigación, desarrollo y aprobación. 

El aumento vertiginoso del mercado de vacunas en los últimos 15 años pudo haber contribuido a las mejoras en rendimiento y productividad que posibilitaron las múltiples ofertas hoy disponibles para contrarrestar la COVID-19. De acuerdo a la OMS, el comercio de vacunas para consumo humano ha crecido 5 veces desde el 2005, esto es sin incluir las vacunas orales contra la polio, las influenzas de temporada y las dosis de los mercados de turismo y miliitar. En 2018, la demanda global de vacunas llegó a alcanzar 3.5 billones de dosis.

El reto del momento es hacer llegar las vacunas a la gente lo más pronto posible. Pero conseguir que una parte considerable de la población lo logre, podría llevarse más tiempo que el invertido en desarrollar la propia vacuna. La OMS estima que para este año, dos billones de dosis se pueden llegar a distribuir en todo el mundo, suficiente para inmunizar al 20% de la población más vulnerable de cada país (personal de salud, de primera línea, personas mayores y con morbilidad). 

La distribución de las vacunas, a diferencia de las mercancías convencionales, presentan ciertas particularidades y retos. Estamos hablando del movimiento de altos volúmenes de material sensible a las temperaturas y condiciones ambientales adversas, de naturaleza perecedera, que además lidian con las limitadas opciones de transportes adecuados que se encuentran disponibles y las tradicionales barreras sanitarias, técnicas y demás procesos de registro y conformidad interna que tienen los países (aunque estos últimos se agilicen en el contexto de la pandemia).

Por eso hoy adquiere una dimensión importante la logística y las cadenas de suministro internacionales. Son importantes, no solo para la rápida distribución de las vacunas, si no también para su integridad y efectividad. La conectividad entre los distintos puntos de la cadena de valor de la vacuna es vital para asegurar el objetivo de inmunizar a la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible.

La necesidad de cortar tiempo y agilizar distribución de las dosis a escala mundial hace del transporte aéreo la vía por excelencia. Sin embargo, algunos de los efectos de la pandemia que más se han sentido son precísamente en el sector aeronaútico. Menos personas están viajando debido a las restricciones de movimiento, las cuarentenas y los toques de queda. Una parte importante de la carga por esta vía se hace en vuelos comerciales de pasajeros. Otro reto es mantener la cadena de frío necesaria para algunos tipos de vacunas, lo cual es más complicado llevar a cabo por este medio de transporte, que conlleva trasbordo, paradas en múltiples destinos, manejos en depósitos, etc. antes del arribo a su destino final.

En ese entendido, se hace urgente que los países comiencen a discutir formas para hacer más eficiente y expedito los procesos de entrada y salida por vía aérea. Para los países en desarrollo que no producen localmente las vacunas, sería de gran ayuda contar con procedimientos y protocolos especiales para el despacho rápido de estos productos. Además, es necesario que el personal de las terminales y aeropuertos se encuentre debidamente capacitado y entrenado en el manejo de este tipo de carga, evitando contratiempos.

Algunas de las medidas puestas en marcha por los países en los primeros días y meses de la pandemia para facilitar la entrada de productos de protección personal, mascarillas, guantes, etc. también ayudan al movimiento de las vacunas. Estas incluyen la simplificación de los procedimientos para la importación, la aceptación de documentación vía electrónica previa a la llegada de las mercancías, entre otras medidas. Pero esto puede probar ser insuficiente. Se debe también trabajar a nivel de los permisos, homologaciones, procesos, protocolos y formalidades necesarias para el ingreso y disposición final de las vacunas.

La vacuna contra la COVID-19 pasará a la historia como uno de los grandes logros de la humanidad. Con un desarrollo en tiempo récord, el reto que tenemos por delante es hacer que la misma llegue a todo el mundo. Haciendo los ajustes necesarios y colaborando unos con otros, los países pueden lograr este año otro récord: la mayor campaña de vacunación másiva jamás vista.  

martes, 12 de mayo de 2020

La trampa de Tucídides y la cura del Covid-19


Mientras la pandemia del Covid-19 entra ya en su tercer mes, gran parte de la humanidad comienza a sentir los efectos del cansancio producto de las medidas de confinamiento y toques de queda. A lo interno de los países, los gobiernos se encuentran en la encrucijada entre el mantenimiento o relajamiento de dichas medidas. Algunos hablan de "nueva normalidad", mientras llega una vacuna o tratamiento efectivo para la enfermedad.

Al mismo tiempo que eso sucede en el plano internacional se libra una carrera, tanto de velocidad como de resistencia, para hallar una cura efectiva. Europa, los EEUU y China se encuentran a la vanguardia en términos de investigación y pruebas de posibles vacunas. 

Estos esfuerzos emprendidos por las principales potencias del mundo, garantizan que la lucha por una cura definitiva no caerá a un segundo plano, en la medida de que las personas se adapten al status quo, como ha sucedido por ejemplo con el Ébola. Aún cuando se reduzca la mortalidad y la incidencia de los casos, las potencias (al menos EEUU y China) continuarán en la búsqueda de una vacuna.

La pandemia del coronavirus con la consecuente competencia de EEUU y China por una cura ha puesto de relieve, una vez más a la "trampa de Tucidides". Graham Allison, historiador y politólogo americano explica que la "trampa de Tucídides" se manifiesta cuando una potencia naciente amenaza con desplazar a otra que se encuentra establecida, lo cual conduce inevitablemente a una confrontación.

Si bien es cierto que la relación EEUU-China en los últimos años se ha deteriorado, desembocando en un conflicto comercial abierto, la llegada de esta pandemia ha provocado señalamientos muy fuertes y acusaciones directas de responsabilidad en la propagación del virus. Este es un fenómeno que debe ser estudiado desde la perspectiva que plantea Allison.

Ambas potencias tienen un interés especial en encontrar la vacuna. China, por como ella misma se ve reflejada en el exterior: el país donde se originó el coronavirus (EEUU se lo recuerda a cada rato), y por otro lado los EEUU: para mostrarse como el país que resolvió (una vez más) un problema que el mismo no creó. Entonces, para China la carrera de la cura es un tema de imagen-país y para los EEUU es un tema de reafirmar su espacio como superpotencia científica, muy en el estilo de las carreras nucleares y espaciales de la guerra fría. 

Mientras esa contienda geopolítica se desarrolla, la humanidad guarda la esperanza de que muy pronto se encuentre una cura o tratamiento efectivo para el Covid-19, sin importar de donde venga o quien lo descubra. Si al final lo hace EEUU, China, Europa u otro país, como sea será bienvenido. Lo ideal fuera que todos los países colaboraran entre si, haciendo sinergias y compartiendo los recursos para así aunar esfuerzos encontrando una solución en el corto plazo. Lo más constructivo en este contexto sería que EEUU y China eviten caer a lo más profundo de la trampa de Tucídides.

miércoles, 8 de abril de 2020

Perspectivas económicas y comerciales del Covid-19


La pandemia del Coronavirus o Covid-19 ha supuesto un shock para la economía mundial que ha golpeado el normal desenvolvimiento de las actividades cotidianas como el consumo de bienes y servicios, amenazando la sostenibilidad de las finanzas nacionales, la recaudación de impuestos, con el consecuente riesgo de fragilidad presupuestaria y mayor exposición a las crisis cambiarias y de deuda.

En la esfera comercial la OMC acaba de publicar un estudio sobre las perspectivas de comercio con relación a la crisis del Covid-19. Según proyecciones de la Organización en el 2020 el comercio mundial pudiera caer entre un 13% (proyección optimista) y un 32% (proyección pesimista). De cualquier forma, es posible que el impacto final sea distinto al proyectado, pero el consenso es que será un año muy duro para el comercio mundial.


Esta caída pronunciada en el comercio mundial de mercancías probablemente se replique en una mayor proporción para el comercio de servicios. Las medidas de distanciamiento social, las limitaciones de viajes al exterior por voluntad de la gente o prohibiciones de los gobiernos, afecta sensiblemente servicios como el turismo. Según JP Morgan, a marzo 2020 las nuevas actividades de exportación de servicios habían caído al 35,5 del valor de referencia de 50, lo que indica una recesión grave. Otra particularidad de los servicios con respecto a las mercancías como bien apunta la OMC es la siguiente:
“A diferencia de los bienes, no hay existencias de servicios que se puedan retirar ahora para reponerlas en una etapa posterior. En consecuencia, lo que disminuya el comercio de servicios durante la pandemia puede perderse para siempre.”

Las proyecciones no son nada halagüeñas. La OMC prevé que el comercio caerá en todos los mercados y sectores. Para ello recomienda que los gobiernos coordinen e implementen de manera efectiva medidas para contrarrestar la crisis. Tal vez se requieren medidas más profundas que la recesión económica de 2008-2009. Si los gobiernos llevan a cabo medidas eficientes y la pandemia se pone bajo control en poco tiempo, los efectos negativos serán relativamente menores. Pero hay que estresar que es determinante la coordinación y cooperación de todos los países para controlar el Covid-19.

Según las proyecciones de la OMC, como figura en el segundo párrafo, el escenario más optimista ve la caída del comercio mundial en el orden del 13%, suponiendo un control de la pandemia y una recuperación relativa del comercio en la segunda mitad de este año. En la proyección menos optimista, se contempla una recuperación mas lenta, con un descenso pronunciado del comercio hasta el 32%, lo que implica una prolongación en el repunte que en este escenario sería por demás incompleto. Para el 2021 o 2022 se esperaría una recuperación en esta última hipótesis, pero algunos estudios sugieren un efecto prologando de las consecuencias económicas de las pandemias (más adelante se tratará).


Este gráfico preparado por la OMC evidencia como el comercio de mercancías se relaciona con el comportamiento de la economía mundial. El comercio es relativamente sensible al proceder de la economía, medida por el PIB. Si la economía crece, el comercio lo hace en una proporción mayor. Esto es importante para entender que podemos esperar cuando nos encontremos en la curva de recuperación. No obstante, del mismo modo que cuando crece el PIB mundial, cuando este disminuye el comercio de mercancías se ve particularmente afectado.

La OMC también proporcionó un estimado del comportamiento de las exportaciones, importaciones y PIB en los escenarios positivos y negativos. Subrayamos la región de América Central y del Sur por ser la región donde se ubica nuestro país. Para el 2020, la hipótesis más optimista prevé una caída de las exportaciones de 13% y la proyección pesimista coloca la caída en 31%. Este es un escenario bastante cercano a la proyección general de la OMC de 13% y 32% respectivamente, siendo nuestra región de todas las estudiadas, la que más se acerca al promedio global.

Por el lado de las importaciones, estas se pueden ver reducidas entre un 22% y un 44% para este año en nuestra región. En ambos escenarios (optimista y pesimista), la región de América Central y del Sur es la que presenta la mayor proporción de caída de todas las regiones incluidas en el estudio de la OMC.

En lo que respecta al PIB mundial, la región cuenta con una proyección de una caída entre el 4,3% (más optimista) hasta el 11% (más pesimista) en 2020. Ambos escenarios constituyen las proyecciones más negativas de todas las regiones estudiadas por la OMC y particularmente, la región se muestra significativamente desviada de la proyección global que sitúa la caída del PIB entre 2,5% y 8,8% para los escenarios más y menos optimistas respectivamente.


En lo que se refiere a la recuperación y que la OMC proyecta para el próximo año, la región de América Central y del Sur de nuevo aparece como la más rezagada de las cuatro regiones principales comprendidas en el estudio. Tanto para las exportaciones como para el PIB se espera una recuperación en menor grado. Tratándose de las exportaciones éstas crecerían en 2021 entre el 14,3% y el 18,6%, mientras que el PIB se ubicaría en un rango entre 4,8% y 6,5%. Esta hipótesis plantea una recuperación más lenta y prolongada para la región en la que nos encontramos.

Ahora bien, vale aclarar que los efectos y consecuencias concretos de esta pandemia aún restan por verse, por lo que cualquier proyección puede resultar especulativa. No obstante, un estudio preparado el mes pasado por los economistas e investigadores Oscar Jorda, Sanjay R. Singh y Alan M. Taylor nos puede dar un poco de luz acerca de los efectos económicos de las pandemias a mediano y largo plazo.

Según el estudio, los efectos económicos de las pandemias perduran hasta por cuatro décadas. Para llegar a esta conclusión, tomaron datos históricos de pandemias que se remontaban hace varios siglos, partiendo del Siglo 14. Para hacer más significativa su investigación, luego contrastaron esos datos con los de guerras y conflictos armados en los que murieron más de 100 mil personas. Encontraron que después de grandes conflictos bélicos, la recuperación es más rápida, pues las guerras conllevan destrucción de capital (puentes, fábricas, infraestructura, etc.) que tiene que reconstruirse luego del conflicto. Con las pandemias no ocurre lo mismo, el daño económico es real, aunque luego de las pandemias puede haber un aumento significativo de los salarios, por el menor stock de fuerza laboral disponible (los trabajadores que mueren o son incapacitados por la pandemia).

Con respecto a nuestro país, algunos economistas han hecho sus previsiones acerca de nuestras perspectivas económicas. Me permito compartir aquí los datos ofrecidos por Miguel Ceara-Hatton:


Según este modelo, el economista estableció una relación de 1,65 entre el PIB de los países de la OCDE y la República Dominicana. Por lo tanto, suponiendo que la caída en la economía de la OCDE sea de 25% semanal (como lo indica la tendencia), la economía dominicana perdería cada mes 3,17% de su PIB. La prolongación en el tiempo de la pandemia y las consecuentes medidas de aislamiento social y de restricción al comercio, aun en el corto plazo, proyecta golpear duramente a la economía dominicana. La recuperación va a depender de la capacidad de coordinación y colaboración a nivel multilateral, es muy poco lo que puede hacer un país por sí mismo. Una amenaza global como el Covid-19 requiere de un abordaje a ese nivel. Es por lo que consideramos que el pedido de la OMC para una mayor sinergia entre las políticas públicas de los miembros que la componen nos resulta muy pertinente en estos momentos.

viernes, 3 de abril de 2020

El Covid-19 puede traer un auge en el arbitraje internacional


Pasados los primeros tres meses de este año, la pandemia del Coronavirus o Covid-19 se continua expandiendo por el mundo y parece no haber llegado a su pico. Todavía queda por esperar el desenlace final para extraer un balance y realizar proyecciones más concretas sobre los efectos de mediano y largo plazo.

En lo que respecta a la administración de la justicia, la institución del arbitraje se presenta como una alternativa ante la posible parálisis de los sistemas judiciales locales. A diferencia de las instancias judiciales ordinarias, llenas de formalismos y otros requerimientos legales que no pueden ser fácilmente obviados, el arbitraje por su naturaleza se presenta como una opción flexible en tiempos de restricciones al contacto personal, aislamiento social y toques de queda.

Ya sea en la forma de una cláusula contractual, como de un acuerdo independiente (previo o posterior a la controversia), el acuerdo arbitral puede suplir la necesidad de dirimir conflictos en tiempos de pandemias, como el que vivimos actualmente. Uno de los mayores obstáculos de la justicia ordinaria en un contexto así es el requerimiento de llevar a cabo los procedimientos de manera presencial, en audiencias públicas y con la presencia de las partes y/o sus abogados.

Así mismo, los elementos probatorios, la comparecencia de los testigos, de los expertos, la documentación pertinente, etc. implica el contacto físico que aumenta el riesgo de contagio de la enfermedad. Por eso algunas jurisdicciones se han visto en la necesidad de cerrar estas vías, aplazando indefinidamente un servicio público vital como lo es la administración de la justicia.

El arbitraje en nuestro país, así como en muchos países del mundo, permite que esta institución trabaje en apoyo (y no en competencia) a los tribunales de la justicia ordinaria. Nuestra Ley de Arbitraje Comercial, al igual que un gran número de países, se basa en la Ley Modelo de Arbitraje de la UNCITRAL. En términos generales, toda materia o asunto de naturaleza transaccional y que no esté expresamente limitado por Ley, es susceptible de arbitraje.

Este procedimiento de naturaleza eminentemente contractual puede llevarse a cabo a través de tele o videoconferencia. El bajo nivel de formalismo del arbitraje permite que además la documentación, los informes de los expertos, las declaraciones de testigos, los escritos de las partes, entre otros, se puedan canalizar por correo electrónico u otro medio pertinente. Todo ello, sin comprometer la debida rigurosidad del procedimiento. Esto se traduce en un ahorro sustancial de gastos para las partes.

A esto podemos agregarle también la reducción significativa de los costos del proceso, tanto en términos del tribunal arbitral, como de las partes y sus abogados. Ya no hay necesidad de transportarse o requerir alojamiento en hoteles o hasta alquilar un lugar para las audiencias.

No obstante estas ventajas, la virtualización del arbitraje también puede traer algunos menoscabos. La ausencia del contacto cercano puede probar dificultoso en algunos aspectos, tales como el interrogatorio de los testigos, de los expertos y las preguntas directas del tribunal arbitral a las partes. La posibilidad de un acercamiento de las partes contendientes, una hipotética negociación o acuerdo que ponga fin al procedimiento, se pueden ver obstaculizado sin la presencia cara a cara de los intervinientes. Este aspecto se presenta como medular cuando las partes escogen el arbitraje en equidad o si el arbitraje debe ser precedido por, o conducente a, una mediación.

A fin de cuentas, el arbitraje en sus distintas variantes se ve altamente favorecido como alternativa frente a la presente pandemia del Coronavirus. El arbitraje online o virtual, si bien existía hace tiempo y no ha aparecido como una respuesta directa al Covid-19, su incidencia tendrá un efecto catalizador en la adopción de esta modalidad de resolución de controversias. Es probable que al mismo tiempo se aceleren las reformas legales y se aumente la conciencia en la comunidad jurídica de las ventajas que conlleva el arbitraje online, aún en ausencia de pandemias u otros fenómenos con similares implicaciones. Es algo positivo que podemos extraer en un ambiente cargado de incertidumbres.

martes, 17 de marzo de 2020

Comercio de servicios en los tiempos de coronavirus

"Según el Barómetro sobre el Comercio de Servicios de la OMC, publicado el 11 de marzo de 2020, el crecimiento del comercio mundial de servicios siguió debilitándose a finales de 2019 y en el primer trimestre de 2020. El dato más reciente (96,8) es inferior al registrado el pasado mes de septiembre (98,4) y muy inferior al valor de referencia para el índice (100), lo que indica que el comercio mundial de servicios está creciendo por debajo de la tendencia. El indicador todavía no refleja plenamente el impacto económico del virus COVID-19 y es probable que registre mayores descensos en los próximos meses".
OMC, Marzo 2020.

La semana pasada la OMC publicó su Barómetro sobre el Comercio de Servicios. Al igual que su contraparte del Comercio de Mercancías, este indicador continúa mostrando un débil comportamiento, para finales del 2019. Lo revelador es la caída de casi dos puntos (98.4 a 96.8) entre septiembre y diciembre, que es un período donde normalmente converge un movimiento importante de bienes y personas (thanksgiving, black friday, cyber monday, fiestas de fin de año, navidad, año nuevo, etc.).

Es un lapso de tiempo donde las empresas ponen sus números de rojo a negro (de ahí la expresión "black friday"), es decir, debe ser un momento de recuperación de las ventas y dividendos. Los números aportados por la OMC parecen estar indicando lo contrario. Tanto el comercio de bienes, como de servicios se ralentiza.

El comportamiento de algunos servicios arrastra a otros. Según la OMC, el transporte de pasajeros que fue el de menor calificación (93.5) va estrechamente ligado al turismo. Mientras que los servicios de TIC (97) se correlacionan a la prestación de ciertos servicios transfronterizos (consultoría, docencia, telemedicina, etc.). Por otro lado, la caída en el transporte marítimo de contenedores (94.3) se explica por la ralentización del comercio de bienes.


Fuente: OMC.

Es en ese contexto que entra el coronavirus (COVID-19). En la entrega anterior, precisamente opine al respecto:
"La OMC también ha dicho con su examen que en el período evaluado (diciembre 2019) no se ve reflejado el impacto del coronavirus, cuya propagación primero en China y luego a nivel global desde principios de este año, sin lugar a dudas ha afectado y continuará mermando a varias economías del mundo. Esta epidemia ha impactado del lado de la demanda agregada, pero también de la oferta, causando disrupciones en las cadenas de suministro regionales y globales". 
El daño del COVID-19 al comercio de servicios puede ser aun mayor que al comercio de mercancías. De ahí el encabezado de la OMC, que destaca la incidencia del coronavirus en la economía mundial. Según expresé anteriormente:
"Los efectos perniciosos del coronavirus se esperan que afecten de forma particularmente virulenta al comercio de servicios. Por su naturaleza los servicios son intangibles, pero paradójicamente, requieren del contacto personal: el transporte, el turismo, los eventos artísticos y deportivos, la educación, la salud, etc. son todos ejemplos de servicios, en los que se reúne mucha gente en un mismo lugar". 
Parte de estos efectos se pueden paliar utilizando algunos medios que la tecnología moderna permite: videoconferencias, clases a distancia, telemedicina, en fin, aquellos pertenecientes al "modo 1" de comercio de servicios (comercio transfronterizo). La propia OMC define este paquete de servicios así:
"Modo 1: Suministro transfronterizo
Un usuario del país A recibe servicios del extranjero a través de su infraestructura de telecomunicaciones o de correos. Ese suministro puede incluir servicios de consultoría o informes sobre investigación de mercado, asesoramiento telemédico, capacitación a distancia o proyectos de arquitectura".
El llamado "modo 1" puede brindar algunas alternativas, pero tiene sus limitantes, teniendo en cuenta que los otros tres modos de suministro de servicios que plantea la OMC conllevan de una manera u otra el contacto personal: modo 2 - Consumo en el extranjero (p.e. turismo, estudiantes, pacientes, etc.), modo 3 - Presencia comercial (p.e. bancos) y modo 4 - Movimiento de personas físicas (p.e. consultoría, docencia, etc.).

Los efectos del COVID-19 probablemente continuen incidiendo en el pobre desempeño del comercio mundial (bienes y servicios) durante la primera mitad del año 2020. Así lo ha pronosticado la misma OMC, que dicho sea de paso, como medida preventiva para el coronavirus ha decidido suspender sus reuniones y actividades hasta finales de abril. Otro evento que está "en veremos" es la propia Conferencia Ministerial (CM12), a celebrarse el próximo junio en Nursultan y sobre la cual el gobierno de Kazajistán ha solicitado a la OMC considerar posponer o suspender por la pandemia que azota al mundo.

Son tiempos difíciles para la humanidad, que es el factor subjetivo de toda la ecuación. También en la adversidad hay oportunidades. Tal vez es una buena ocasión para salir más fortalecidos de cara a futuras pandemias (aunque primero debemos superar la presente). Creo que en el porvenir, habrán formas más creativas de suministrar las mercancías y servicios que todos necesitamos (ahí entran las nuevas tecnologías). No necesariamente será un mundo dominado por grandes jugadores (Amazon me viene a la mente). También las Mipymes pueden salir robustecidas.

jueves, 5 de marzo de 2020

El comercio mundial continúa con pronóstico reservado

"El Barómetro sobre el Comercio de Mercancías proporciona información basada en los mejores datos prospectivos disponibles sobre la evolución actual de las tendencias más recientes del comercio mundial de mercancías. No tiene en cuenta la evolución reciente, como el brote de la nueva enfermedad del coronavirus COVID-19, que puede frenar aún más las perspectivas comerciales."
Organización Mundial del Comercio, febrero 2020. 

La OMC publicó en febrero su más reciente Barómetro sobre el Comercio de Mercancías. Para esta oportunidad, el valor indicativo se colocó en 95.5, retrocediendo 1.1 puntos en relación a la calificación anterior. La última entrega fue en noviembre pasado y para ese entonces el comercio mundial mostraba signos esperanzadores de recuperación, ya que en ese entonces arrojó un valor de 96.6, casi un punto por encima del 95.7 que evidenció en agosto de 2019.

Es menester recordar que el Barómetro sobre el Comercio de Mercancías mide la información proporcionada en "tiempo real" sobre la base de los siguientes indicadores: 1) el transporte aéreo internacional de carga; 2) el comercio de componentes electrónicos; 3) los contratos de exportación; 4) la producción y venta de automóviles; 5) las materias primas agrícolas; y 6) el transporte de contenedores.

La nueva publicación, que recoge el desempeño del comercio global sobre la base de los criterios antes señalados al mes de diciembre de 2019, revela los siguientes datos:

Fuente: OMC.

De los seis indicadores, solo el relativo a la producción y venta de automóviles muestra una calificación de relativa estabilidad (o estancamiento) con relación al valor de referencia del Barómetro, que es precisamente de 100. Para el Barómetro, el hecho de sacar 100 no es suficiente, lo que significa es que el comercio está apenas comportándose de acuerdo a las expectativas de mediano plazo.

La OMC también ha dicho con su examen que en el período evaluado (diciembre 2019) no se ve reflejado el impacto del coronavirus, cuya propagación primero en China y luego a nivel global desde principios de este año, sin lugar a dudas ha afectado y continuará mermando a varias economías del mundo. Esta epidemia ha impactado del lado de la demanda agregada, pero también de la oferta, causando disrupciones en las cadenas de suministro regionales y globales.

Otros factores que gravitan en las perspectivas del comercio mundial para el 2020 son el Brexit, las elecciones de EEUU y la evolución de la guerra comercial EEUU-China. Aunque respecto de este último particular, se muestra un cuadro esperanzador, ya que en los últimos días de febrero el USTR y el USDA anunciaron importantes progresos respecto de la implementación del Acuerdo que firmaron EEUU y China a principios de año.

No obstante lo anterior, las apreciaciones de este artículo y del Barómetro sólo abarcan el comercio de bienes. Los efectos perniciosos del coronavirus se esperan que afecten de forma particularmente virulenta al comercio de servicios. Por su naturaleza los servicios son intangibles, pero paradójicamente, requieren del contacto personal: el transporte, el turismo, los eventos artísticos y deportivos, la educación, la salud, etc. son todos ejemplos de servicios, en los que se reúne mucha gente en un mismo lugar. 

En definitiva, los próximos meses nos ayudarán a entender el cuadro completo de la situación del comercio mundial, en un año que ya a marzo se nos presenta con tantas complejidades e incertidumbres. Por ahora mi diagnóstico es que el comercio mundial continúa con pronóstico reservado.