miércoles, 7 de agosto de 2019

La guerra para terminar todas las guerras comerciales?


"En la historia de la humanidad, hay épocas de cambio, momentos de transición, el paso de algo que fue a algo que será". 


Alan Wolff, Director General Adjunto de la OMC

En 1914, al estallar la primera guerra mundial, el escritor británico H.G. Wells publicó una serie de artículos que luego serían compilados en el libro "la guerra para terminar todas las guerras" en alusión a que la "gran guerra", por su escala sin precedentes en la historia de la humanidad, traería indefectiblemente un repudio al recurso de las armas por parte de las grandes potencias. Todos sabemos el resto de la historia.

Para abordar un conflicto, cualquiera que sea su naturaleza, hay que conocer y estudiar sus causas, todas sus causas. Segregar aquellas directas e inmediatas, de las que son más estructurales. Tomando como muestra la primera guerra mundial, tenemos entonces: el asesinato de Francisco Fernando (causa inmediata) y el rompimiento del equilibrio de poder entre las grandes potencias (estructural).

La guerra comercial que por más de un año han mantenido las dos principales economías del mundo acaba de incrementar su tono después de EEUU anunciar que aumentaría en 10% los aranceles a productos por valor de 300.000 millones de dólares. La noticia fue respondida por China con una devaluación de su moneda, el yuan, por encima del valor histórico-sicológico de 7x1. Esa medida anunciada esta semana provocó la inmediata reacción del Presidente Donald Trump y la caída de los mercados bursátiles en varias regiones el mundo, enviando señales de que será un conflicto prolongado y de desgaste.

Mientras todo esto ocurre, y aunque parezca extraño, ambos países continúan sus negociaciones. Para un posible acuerdo, uno que cuente con el compromiso decisivo de los actores, que brinde a la vez tranquilidad y previsibilidad al sistema multilateral de comercio (SMC), es preciso que se "cubran todas la bases". Por lo tanto, más allá de plantear soluciones para las motivaciones directas del conflicto, hay que develar las verdaderas causas estructurales del problema.

Un diagnóstico de estos problemas fue el aportado por el propio EEUU en la Conferencia Ministerial de Buenos Aires de 2017, cuando llamó a una reforma del SMC que incluya el Mecanismo de Solución de Disputas, la transparencia y las notificaciones, así como la delimitación de la condición de país en desarrollo. Este último punto ha sido muy sensible debido al tratamiento especial que pueden recibir éstos países, incluyendo plazos más largos para cumplir con los Acuerdos de la OMC y que otro país le pueda otorgar beneficios unilaterales bajo el Sistema Generalizado de Preferencia (SGP).

Con respecto al SGP y el estatus de país en desarrollo, la posición de EEUU es hasta cierto punto razonable: no es posible que todavía países como China, Corea del Sur y la India se auto-designen países en desarrollo, siendo al mismo tiempo de las principales economías del mundo. Esto puede hasta operar en detrimento de otros países que si necesitan estas facilidades, como es nuestro propio caso.

Pero volviendo a las causas estructurales, surge la interrogante: resolviendo éstas cuestiones nos asegurará la paz duradera?. Será así?, o en cambio será una "paz para acabar con la paz" como se expresó cínicamente después de la Conferencia de París de 1919?. Si se atienden los mencionados problemas, quién asegura que no surgirán otros?.

Es probable que esta no sea la "guerra para terminar todas las guerras comerciales", pero bien pudiera ser la oportunidad perfecta para tratar y avanzar en los asuntos que amenazan con provocar la próxima gran guerra comercial. Y ello si requerirá del concierto de la OMC y todos sus miembros. En Buenos Aires, EEUU, secundado por la UE y Japón se refirieron a la necesidad de normas adecuadas para encarar una serie de preocupaciones, como las subvenciones a la industria, la creación de exceso de capacidad, las actividades comerciales de las empresas estatales y la transferencia forzosa de tecnología. Todas ellas, por cierto, alusivas a China. 

miércoles, 17 de julio de 2019

La excepción de seguridad nacional como arma comercial y no comercial


La excepción de seguridad nacional es un medio al que varios países han estado recurriendo últimamente, con acentuada frecuencia, para abordar o resolver cuestiones comerciales y no comerciales. Se trata de un abuso o distorsión en el ejercicio del derecho que asiste a todo Estado de garantizar su seguridad e integridad, ante conflictos armados, amenazas a la paz o situaciones de graves tensiones en las relaciones internacionales.

La justificación o fundamento legal viene dada por el Artículo XXI del GATT. Este dispone lo siguiente: 
“Artículo XXI
Excepciones relativas a la seguridad
No deberá interpretarse ninguna disposición del presente Acuerdo en el sentido de que:
a) imponga a una parte contratante la obligación de suministrar informaciones cuya divulgación sería, a su juicio, contraria a los intereses esenciales de su seguridad; o 
b) impida a una parte contratante la adopción de todas las medidas que estime necesarias para la protección de los intereses esenciales de su seguridad, relativas:
i) a las materias fisionables o a aquellas que sirvan para su fabricación;
ii) al tráfico de armas, municiones y material de guerra, y a todo comercio de otros artículos y material destinados directa o indirectamente a asegurar el abastecimiento de las fuerzas armadas;
iii) a las aplicadas en tiempos de guerra o en caso de grave tensión internacional; o
c) impida a una parte contratante la adopción de medidas en cumplimiento de las obligaciones por ella contraídas en virtud de la Carta de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales.”
Subrayamos especialmente el inciso iii del apartado b por su pertinencia en el contexto actual de tensión comercial, refiriéndonos a la guerra comercial EEUU-China de manera particular, aunque existen otros casos igual de interesantes.

Evidentemente que la actual administración de los EEUU ha recurrido a medios tradicionales de defensa/ataque comercial, como lo es el aumento de aranceles (aunque su justificación o no es otro debate). No obstante, la práctica que entendemos más perniciosa es la utilización de la excepción de seguridad nacional para determinados objetivos comerciales, o incluso, no comerciales (políticos, diplomáticos, migratorios, etc.). Veamos.

La imposición por parte de EEUU de aranceles al aluminio y acero provenientes de China se justificó en que éstos son insumos sensibles para la defensa nacional, por lo que su provisión en cantidades importantes no debería depender de otro Estado. Argumento que el propio Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DoD, por sus siglas en inglés) ha dado por descartado, “ya que las tarifas (aranceles) no son necesarias para la seguridad nacional: " [...] los requisitos militares de los Estados Unidos para el acero y el aluminio, cada uno solo representan aproximadamente el tres por ciento de la producción estadounidense”.

Este accionar pudiera verse como una medida de protección comercial disfrazada de excepción de seguridad nacional ante el aumento de la llegada de acero y aluminio chino más barato. Hay otros casos que apuntan en la misma dirección. En época reciente, la tensión EEUU-México por la crisis migratoria en la frontera sur de los Estados Unidos llegó a tal punto, que éste país amenazó con imponer aranceles por el orden del 5% a los productos provenientes de México, si éste último no resolvía la situación. Problema no exclusivo de México, puesto que se trataban de migrantes que provenían de terceros países, que cruzaban a su territorio con dirección a los EEUU. Finalmente, el gobierno mexicano cedió a la presión de EEUU y tomó acciones para controlar este flujo migratorio, evitando así una escalada de 5% de aranceles cada mes.

Como vemos, la excepción de seguridad nacional del GATT se utiliza tanto para un fin comercial (primer caso), como para un objetivo no comercial (segundo ejemplo). Pero ante esta realidad, no debería alguien, algún ente, poner límites a estas prácticas?; O únicamente recae sobre los países resolver por sí mismos estas cuestiones? 

Un reciente fallo de la OMC nos puede aportar un rayo de luz. Nos referimos al caso Rusia – Tráfico en Tránsito (DS512). La diferencia fue elevada por Ucrania en contra de Rusia (Federación de), por este último Miembro de la OMC implementar controles de paso por su territorio y en las fronteras con terceros países. Rusia justificaba las medidas por el aumento de las tensiones con Ucrania a partir de la Crisis de Crimea en el año 2014. Tanto este episodio, como el período posterior, en opinión de Rusia, creaban las condiciones para activar la excepción del Artículo XXI.b.iii del GATT.

Ucrania por el contrario, entendió que estas medidas se apartaban de los compromisos asumidos por Rusia en virtud de su Protocolo de Adhesión a la OMC y hasta del propio GATT, el cual dispone en su Artículo V (Libertad de Tránsito) el principio de “tráfico en tránsito” para el paso de mercancías por el territorio de un Miembro de la OMC cuando dicho paso “…constituya sólo una parte de un viaje completo que comience y termine fuera de las fronteras de la parte contratante por cuyo territorio se efectúe…”.

En el centro del debate estaba el examen del Grupo Especial sobre si las medidas de Rusia eran compatibles con los Acuerdos de la OMC. Pero también, se encontraba el micro-examen (que no era tan minúsculo) de determinar si la excepción del Artículo XXI.b.iii del GATT es de carácter auto-evaluativa, es decir que si corresponde únicamente al Miembro que la invoca, el hecho de considerar todos los factores de su pertinencia, o en cambio, si esta condición puede ser sometida al escrutinio de la OMC, vía los mecanismos de solución de disputas.

El Panel en este caso emitió su informe en el mes de abril de este año. Es un informe que recomiendo e invito a leer por la trascendencia de sus determinaciones. Si bien el GE finalmente dio la razón a Rusia, de que las medidas tomadas fueron compatibles con lo dispuesto en el GATT, el Panel dejó muy claro que ese examen, esa evaluación del XXI.b.iii, si puede ser sometida al escrutinio de la OMC. Así vino a esclarecer una cuestión que quedaba pendiente desde los tiempos del GATT de 47, con respecto a la excepción de seguridad nacional.

Como las decisiones de los GE y del Órgano de Apelación de la OMC crean precedentes, veremos de cara al futuro como se tenderá a homogeneizar el criterio de utilización de la excepción de seguridad nacional del GATT. Es probable que esta decisión haya llegado en un momento oportuno, cuando escuchamos cada vez más tambores de conflictos comerciales en donde una de las partes alega que toma tal o cual medida justificada en la seguridad nacional. Verbigracia, un conflicto que no se escucha mucho de este lado del mundo, pero que viene in crescendo es el de Japón y Corea del Sur por los semiconductores. Japón alega que Corea del Sur permite que productos japoneses que son importados por Corea del Sur, terminan por alguna razón u otra en territorio de Corea del Norte, constituyendo una violación a compromisos internacionales, sanciones a CdN, etc. y que por lo tanto, podría activar la cláusula del XXI.b.iii del GATT contra CdS. 

En el caso anterior Japón está considerando limitar sus exportaciones de semiconductores a Corea del Sur, pero este último ha expresado que Japón actúa por una mayor competencia de las empresas Surcoreanas que amenazan la cuota de mercado de las empresas japonesas.

Lo cierto es que si este caso se escala a la OMC, la última palabra la tendrá el Grupo Especial o el Órgano de Apelación. Curiosamente, en el caso de Ucrania contra Rusia, los EEUU acudieron como tercero, apoyando la posición rusa, es decir que las medidas relativas a la seguridad nacional son de exclusiva potestad del Estado y corresponde únicamente a éste último la evaluación de su razonabilidad. Todos sabemos porque EEUU mantuvo esa posición, verdad?. 

martes, 25 de junio de 2019

La crisis del sistema multilateral del comercio y la declaración de los 33


“Corren tiempos de graves riesgos pero, más aún, de grandes oportunidades, sin parangón en los últimos años. Para conservar su pertinencia, la OMC necesita asumir la metamorfosis que está experimentando en estos momentos como "la nueva situación de normalidad". Alan Wolff, Director General Adjunto de la OMC, Abril 2019.

El sistema multilateral de comercio vive momentos apasionantes. La OMC, el gran árbitro de este sistema, se encuentra en medio de una crisis, que si bien comenzó antes de la guerra comercial EEUU-China, su incidencia ha venido a agregar un elemento potencialmente determinante, que pudiera llevarse de pleno este importante regulador del comercio mundial.

No es para menos. La OMC es una Organización joven, pero luce cansada. Su estructura propia del siglo XX, no parece estar respondiendo a los retos y desafíos del siglo XXI. A las cuestiones que se vienen arrastrando desde los años del GATT y que quedaron inconclusas (p.e. agricultura, subvenciones), se agregan las “nuevas preocupaciones”, expresadas por los EEUU en la Conferencia Ministerial de Buenos Aires, 2017: el cumplimiento de las notificaciones, la autodesignación de país en desarrollo, el objeto y fin del sistema de solución de diferencias de la OMC.

Cuestiones estas últimas que decimos son nuevas, no tanto por su idiosincrasia, sino más bien por el momento de su introducción a la narrativa. No es únicamente coincidente con el conflicto comercial más agudo de la era OMC, se mide también en términos de los escasos avances en 18 años que ha alcanzado la actual ronda de negociaciones, que desde el 2001 se lanzó en Doha, Qatar. En los últimos años, dos logros parciales se destacan, en facilitación de comercio y en tecnologías de información. Más allá, Doha es el mejor reflejo de un sistema multilateral de comercio anquilosado e incapaz de romper su propia inercia.

A propósito de la situación de estasis del organismo es que han surgido llamados a reformar profundamente su estructura, especialmente la manera en que se toman las decisiones. La regla del “consenso positivo” implica que discusiones como el diseño y funcionamiento del Sistema de Solución de Diferencias, p.e. la composición del Órgano de Apelación, deben ser por consenso de todos los miembros de la OMC. Si uno se opone, cualquier iniciativa se verá frustrada. Es el arma que precisamente han utilizado algunos, EEUU un recurrente, para hacer valer sus intereses.

El hecho de que uno o varios miembros sistemáticamente cuestionen y minen la autoridad del regulador mundial del comercio, es en sí un motivo para preocuparse. Pelear “fuera del ring” de la OMC, implica una lucha desigual para un país pequeño y en desarrollo. La ley del más fuerte es la que impera, no importa si el contrincante es un país desarrollado o si es otro país en desarrollo. Titanes como EEUU y China se pueden dar ese lujo, y se lo están dando, de combatir cuerpo a cuerpo fuera de la OMC, pero por algo no estamos viendo otros hacer lo mismo.

Ahora bien, una cosa es salir de la cancha porque no se esté de acuerdo con el referee, otra cuestión muy distinta es boicotear el funcionamiento óptimo de todo el sistema. Con su oposición a la designación de nuevos miembros del Órgano de Apelación, los EEUU coloca no solo al Sistema de Solución de Controversias de la OMC, sino a toda la Organización, en una trayectoria de colisión a finales de este año, cuando vence el período de nombramiento de dos de los tres miembros (que deberían ser siete) con que cuenta actualmente este importante órgano jurisdiccional de las controversias comerciales. Este conoce de los recursos de apelación contra decisiones de los grupos especiales, pero a la vez sirve para garantizar la calidad de las determinaciones y la unidad de criterio jurisprudencial, en fin, servir de piedra angular del propio sistema. Sin Órgano de Apelación, las decisiones de los Grupos Especiales serían definitivas y vinculantes para las Partes en litigio. 

El riesgo sistémico acá es que los miembros de la OMC comiencen a abandonar los mecanismos legales y procesales establecidos por la misma, para pasar a solucionar sus controversias fuera del cuadrilátero. Y una vez que eso suceda, como una reacción en cadena, se derrumban todas las columnas que sirven de sustento a la organización, quedando incapaz para hacer cumplir su mandato.

Esta es la preocupación central del “grupo de los 33”, integrado por académicos, exfuncionarios de gobiernos y organismos internacionales en noviembre del año pasado. Liderados por Enrique Iglesias, Ex Presidente del Banco Central de Uruguay, Ex Canciller de Uruguay, Ex Presidente del BID, Ex Secretario Ejecutivo de CEPAL y Presidente de la Reunión Ministerial de la Ronda Uruguay, la que dio origen a la OMC; este influyente conjunto de expertos subrayó la necesidad de una profunda reforma a la OMC, como cabeza del sistema multilateral de comercio.

Como ha señalado elocuentemente el grupo de los 33 en su declaración, el sistema multilateral de comercio no está siendo capaz de lidiar con los desafíos económicos y comerciales del siglo XXI: la intensidad del cambio tecnológico; la irrupción de China y Asia emergente como actores relevantes del comercio mundial; la organización industrial en torno a cadenas de valor; la plétora de acuerdos comerciales preferenciales promovidos por EE.UU., China y la UE y, en fin, el comercio digital y el vínculo del comercio con medio ambiente, cambio climático y el mundo del trabajo”.

El grupo de los 33 coincide con otros, que a lo interno de la OMC han propugnado por normas nuevas para limitar las subvenciones a la industria y la acumulación de capacidad industrial excedente; normas para imponer disciplinas sobre la conducta de las empresas públicas, y normas para frenar la transferencia forzosa de tecnología. Con una clara alusión a China, este llamado a reformas impulsado por la Unión Europea, el Japón y los Estados Unidos desde la Conferencia Ministerial de Buenos Aires, se suma a los temas pendientes por discutir.

Lo que queda claro, es que a menos que se trate de una acción deliberada (que no creo) de poner fin al conjunto de reglas, pesos y contrapesos en el sistema multilateral de comercio, los desafíos actuales de la OMC pueden servir de lecciones para su reforma o eventual metamorfosis. La autocrítica y los cambios siempre son buenos, nos permiten los primeros reconocer las fallas y los segundos corregirlas. La opción del conformismo, estasis, aversión o negación al cambio, nunca deben primar, aunque el riesgo de fracaso sea un factor. La evolución del sistema regulador del comercio mundial que comenzó con el GATT no se debe detener con la OMC (ni tiene porque resignarse con ello).

Para finalizar, extraigo unas palabras de Alan Wolff que expresara a propósito de la adhesión de nuevos miembros de la OMC en abril pasado: “los Miembros de la OMC pueden adaptarse al cambio, y tratar de orientarlo en su interés colectivo, o bien pasarlo por alto y correr así el riesgo de que la OMC deje de ser pertinente. Citando al Director General Azevêdo, "[e]l multilateralismo no sobrevivirá si se convierte en sinónimo de parálisis".

martes, 28 de mayo de 2019

Más allá de la guerra comercial: un conflicto EEUU-China capaz de arrastrarlo todo


Hace menos de un mes las perspectivas de una solución al conflicto comercial que sostienen EEUU y China se mantenían en una nota positiva. El avance de las conversaciones y los anuncios del Presidente Trump de que revisaría el comercio con Europa, también llevó a pensar que el final de la guerra comercial con China estaba cerca. Nada de esto ocurrió.

A principios de mayo, EEUU dispuso el aumento de un 10 a un 25% de los aranceles a US$200 billones de exportaciones provenientes de China. Ésta última respondió incrementando los aranceles a US$ 60 billones de exportaciones estadounidenses. El nuevo escenario nos obliga a replantear algunas previsiones que se hicieron, pero también medir con cautela el desenlace de este complicado e impredecible conflicto.

Este mismo mes, por igual, el Presidente Trump firmó una orden ejecutiva que limita seriamente la capacidad de la compañía china Huawei de comercializar con empresas americanas. Esta decisión coloca a Huawei en una lista de empresas que “comprometen la seguridad nacional” de los EEUU. Huawei es una de las empresas que promueven activamente la tecnología 5G, correspondiente a la quinta generación de tecnología móvil, teóricamente capaz de lograr velocidades y conectividades como nunca antes vistas en la historia de la humanidad. Esta tecnología se espera que sea un boom en los próximos años.

Aunque la presencia de Huawei en EEUU es limitada, la medida afectará seriamente sus capacidades de expansión o mantenimiento en algunos mercados. Ya empresas americanas como Google y Qualcomm, al igual que algunas europeas como ARM, han manifestado que no seguirán cooperando con Huawei. 

El interés de los EEUU es mantener la supremacía en el ámbito tecnológico y de las telecomunicaciones, que han venido acortando los chinos en los últimos años, pasando de ensamblar equipos de otros países, a crear sus propios diseños y productos. Es una carrera para ver quien tiene la tecnología más avanzada. La “guerra comercial” entre EEUU y China, ya ha entrado a ser una “guerra fría tecnológica”. Posiblemente escale a otro escenario, “guerra espacial”, “guerra robótica”, quien sabe?. 

Es probable, como lo hubo antes con la carrera armamentista entre EEUU y la Unión Soviética durante la guerra fría, que al final no haya un claro ganador. Es bueno tener en cuenta, que aunque sea distinta a una carrera nuclear, no es menos cierto que este conflicto tendrá sus consecuencias para los directamente confrontados y también para otros que se encuentren en la periferia. El mundo podría nuevamente ser dividido en dos polos: los “Huawei” y los “Iphone”.

En la esfera comercial, persiste el pesimismo con una tendencia a la baja en el dinamismo del comercio mundial. El pasado 20 de mayo, la Organización Mundial del Comercio informaba que el último Indicador de las Perspectivas del Comercio Mundial de la OMC (WTOI) se colocó en el mismo valor que en febrero, 96.3, por lo que concluye la Organización que la debilidad del comercio persistirá en el segundo trimestre de este año.

Cabe señalar que dicho indicador (96.3), se encuentra notablemente por debajo del valor de referencia medio que es de 100, manteniéndose en su nivel más bajo desde el año 2010. Más aún, según la propia OMC, “…ese valor no refleja algunas medidas comerciales importantes anunciadas en los últimos días…”, refiriéndose precisamente a la escalada de aranceles de EEUU y China de principios de mes y a las sanciones contra Huawei.

Los indicadores que maneja la OMC, tales como el WTOI le permiten obtener datos crudos “en tiempo real” como dicen ellos mismos, pero no significa que tengan una bola de cristal para predecir el futuro a corto o mediano plazo. Lo que si se observa por el momento, es que para este 2019, las “perspectivas del comercio mundial pueden empeorar más si no se resuelven las tensiones comerciales crecientes”.

Por nuestra parte, en República Dominicana, la recomendación que haría es mantenernos bien atentos al desarrollo de los acontecimientos, pues como mismo señala la OMC en su comunicado, para hacer frente a los posibles choques externos debemos ser capaces de “adaptar la política macroeconómica a las nuevas circunstancias”. Cuando ellos hacen esa salvedad, va para todos los países por igual, porque a menos que vivamos en otro planeta, la guerra comercial entre EEUU y China es un asunto que afecta a todo el sistema multilateral de comercio.

miércoles, 17 de abril de 2019

Los bienes públicos como garantía para los préstamos chinos en el contexto de la iniciativa del cinturón y ruta de la seda


De Asía, pasando por África, Europa y llegando hasta América, la iniciativa del cinturón y ruta de la seda (BRI) comprende el plan más ambicioso de China para proyectar su influencia y poder a través del globo. Para China obedece al cumplimiento de ciertos objetivos geopolíticos y estratégicos, mientras que para los países por donde “pasa” la ruta de la seda se obtiene a cambio inversión en infraestructura, principalmente, pero no limitada, en la forma de carreteras, trenes y puertos.

No hay dudas que ese es un buen “trade-off” para los países receptores de esos proyectos. No obstante, este esquema de concesiones mutuas se pone a prueba una vez que los beneficiarios comienzan a caer en mora, pagan tarde o de pleno dejan de pagar. Es ahí donde aparece el trilema, con respecto al comportamiento que debe seguir China.

Por qué decimos que es un trilema?. Porque ante el incumplimiento de los compromisos de sus socios en la BRI, China ha cursado tres vías para hacer valer sus derechos:

1. El arbitraje ante cortes chinas.
2. La renegociación de los términos de la deuda.
3. La expropiación de bienes públicos.

En su relación con los gobiernos, China ha sido inconsistente en cuanto a cuál de las tres opciones seguir en caso de que no le cumplan. La primera vía, el arbitraje, a nuestro entender debe figurar en todo contrato de este tipo. Al mismo tiempo, recomendamos en caso de que sea factible, tener en cuenta un foro como la CCI o la CPA. Si necesariamente el arbitraje debe ser en China, o al menos bajo la esfera china, sugerimos el centro de arbitraje de Hong Kong, por su trayectoria y prestigio.

La renegociación de la deuda es una opción que debe estar siempre sobre la mesa. Y funciona. Malasia, por ejemplo, acaba de llegar a un acuerdo para reducir un tercio del costo de una conexión ferroviaria que estaban construyendo con ayuda de los chinos. En las Maldivas, también están buscando renegociar varios de los acuerdos que fueron firmados años atrás con China.

Por último, la expropiación de bienes públicos, es tal vez la más perniciosa para ambas partes. China muy bien puede quedarse con la propiedad de un puerto o una porción de terreno, pero qué le garantiza que recuperará su inversión en el corto o mediano plazo?. Esa falta de liquidez, unida a un entorno macroeconómico complejo en su economía, hace poco beneficioso para China coleccionar una amplia cantidad de “elefantes blancos”, producto de inversiones en infraestructuras de cuestionable factibilidad económica. Algunas las obras concesionadas han tenido que ser “subsidiadas” por el gobierno, como compensación por el retorno negativo y la bajas utilidades, que de entrada, para nada justificaban su ejecución.

Para los gobiernos de los países receptores de los préstamos, la garantía en forma de bienes públicos se presenta como un caso de “moral hazard” o riesgo moral. Puede ser la forma de llevar a cabo grandes obras de infraestructura o “megaproyectos” de gran impacto político, a un costo transaccional relativamente bajo, atado al pago en el largo plazo de un interés “cómodo”. Si algo sale mal, si el país no paga, entonces cargan con la responsabilidad los “bienes públicos”.

Es así como ha sucedido con varios países dentro de la BRI. De entre los casos se destaca el del Puerto de Hambantota en Sri Lanka, el cual China adquirió por 99 años a cambio de billones de dólares en deuda. Indonesia ha tenido un tema con la línea ferroviaria que une a Jakarta con Bandung, situación que ha sido llevada hasta el debate político, con acusaciones de sobrevaluación. En Malasia también se han escuchado voces en ese mismo sentido. En Kenia, han comenzado a aparecer denuncias, como la del Puerto de Kilindini en Mombasa, que estaría siendo expropiado por falta de pago a China. En Kenia también los chinos están por realizar un proyecto que unirá la Capital, Nairobi, con Mombasa en la franja del Océano Índico, por ferrocarril.

El más reciente de los debates se ha llevado a cabo en Montenegro. El pequeño país de Europa del Este, de apenas 13 mil km2, ha puesto como garantía a China parte de su territorio en caso de no cumplir con el pago de los préstamos. Los proyectos incluyen la cuestionada carretera que unirá el Puerto de Bar en el Mar Adriático con Serbia. Estos proyectos han disparado la deuda de Montenegro, de 63% del PIB en 2012 a casi un 80% del PIB en la actualidad.

En definitiva, y para sacar mejor partido a la BRI, una buena recomendación sería que los países investiguen muy bien acerca de cuáles proyectos son más viables desde la perspectiva de sostenibilidad financiera. Otra sugerencia es no esperar que sea China la que proponga los proyectos. Ellos saben muy bien lo que quieren, cuando desean que en X o Y país se construya un tren, una carretera o un puerto, también están pensando en el provecho económico o geopolítico que le sacarán a esa infraestructura. Viéndolo de esa manera, China siempre gana, pero nosotros en República Dominicana, como país que se quiere integrar a la BRI, también tenemos que saber cómo ganar. La última recomendación, en caso de impago, es optar por el arbitraje o la renegociación de la deuda, pero bajo ninguna circunstancia, se deben poner en garantía bienes públicos.

miércoles, 10 de abril de 2019

Ahora la guerra comercial se traslada a Europa



Esta semana el gobierno de los EEUU anunció que impondría aranceles por US$ 11 billones a productos de Europa, tales como queso, vino, motocicletas, partes de aeronaves, entre otros. Ustedes tal vez se pregunten sobre el queso: por qué el queso?; o a ver: qué es esto de la guerra del queso? (como algunos ya le dicen). Seguro que el queso tiene su importancia comercial, después de todo EEUU exportó queso por un valor de US$ 1.2 billones en 2017, mientras que las exportaciones totales de la UE para el mismo producto y mismo año fue de US$ 25.1 billones. Así es como la UE acapara el 82.4% de las exportaciones de queso a nivel mundial.

En cuanto al vino y su proporción en las exportaciones, no se diferencia mucho del queso. En 2017, EEUU exportó US$ 1.5 billones en vino, mientras que las exportaciones de la UE fueron de US$ 25.2 billones, lo que equivale al 71% de las exportaciones mundiales de vino.

Esto parecería ser una acción malévola de Donald Trump, ya que a mucha gente le gusta tomarse su buen vinito con un poco de queso. Pero veámoslo también de la siguiente forma: Es el típico accionar en una guerra comercial el hecho de atacar al otro “donde le duela”. El queso es importante para la UE, no tanto así para EEUU.

Seguro que a Trump le importa en parte el “asunto del queso”, pero al menos, no tanto como el tema de las aeronaves. Ese si es un punto. Veamos porque.

Prácticamente desde el inicio de la OMC ha habido una especie de “guerra comercial” entre EEUU y Europa por el comercio de aeronaves. En el corazón de estas disputas se colocan los subsidios, es decir, las ayudas de los gobiernos a las empresas que fabrican las aeronaves, notablemente, Boeing en EEUU y Airbus en Europa. Como las empresas no pueden utilizar el mecanismo de solución de diferencias de la OMC, ya que está limitado a los Miembros de esta organización, los dos gigantes de la aeronáutica se miden en la arena de la OMC a través de sus gobiernos.

Así es como EEUU y la UE se han enfrentado durante años sin que haya un ganador aparente, o un resultado convincente para ambas partes. Han habido cinco casos en la OMC y siempre siguen el mismo guion: EEUU o la UE demanda y luego el otro responde con una demanda propia, por los mismos motivos. El tema central ha sido las ayudas, préstamos, programas e incentivos fiscales que brindan los Miembros a las empresas del sector. El último de estos casos inició en 2014 y terminó en 2017. Este caso, por cierto, fue ganado por los EEUU.

Finalmente, con un posible acuerdo con China a la vuelta de la esquina, que puede dar fin a la guerra comercial EEUU-China, parece más razonable la movida de Trump de enfilar los cañones a Europa. Después de todo, no era pertinente abrir dos frentes al mismo tiempo. Esperemos a ver entonces como responderá la UE, si es que lo hace, si se deja llevar, o es un bluffing más de Trump, una estrategia para renegociar con ellos, ver que tipo de concesión logra de los europeos. Sin lugar a dudas, su aparente triunfo frente a los chinos le da mucha confianza y motivación para enfrentarse a un adversario muy diferente a China, por ser su aliado histórico.

Ahora que la guerra comercial se traslada a Europa, me preocupan sus posibles efectos en la maltrecha economía mundial, con las perspectivas a la baja en el comercio, según lo planteado recientemente por la OMC y el FMI. Y es que sumando el Brexit y el menor crecimiento de China, los últimos días nos han llenado de incertidumbre, aunque también hay voces que argumentan a favor de esperar más tiempo, antes de sonar las alarmas de una posible recesión mundial. Pero tal vez estas preocupaciones son extemporáneas, siendo optimista: quizás no llegué a pasar nada. Creo que por ahora, la mejor idea es tomarse una copa de vino con un buen queso, disfrutarlo y relajarse.

martes, 5 de marzo de 2019

La información como un activo: deberíamos vender nuestra data?


Cada día nosotros y millones de personas accedemos a las redes, mediante nuestros teléfonos, computadoras, tabletas y otros aparatos. Navegamos en la web, vemos videos en YouTube y Netflix. Escuchamos música en Spotify, compramos en Amazon. Pasamos cantidad de minutos en Facebook, poniéndonos en contacto con familiares, amigos, colegas, etc. Si tenemos algo que buscar o preguntar, consultamos con Dr. Google. Nos hemos acostumbrado tanto a estas maravillas de la modernidad, que ya no imaginamos la vida sin ellas. Y todo esto a un costo relativamente bajo o en algunos casos prácticamente gratis. Verdad?

Dicen los economistas que no hay almuerzos gratis. Cuál es entonces el precio que yo pago por usar, digamos, Facebook?. Lo he usado por años y nunca he visto que ha llegado una factura. La respuesta parece ser obvia, pero no lo es: mi información. Así es como una empresa que algunos todavía piensan que valora tanto la privacidad y la información de sus usuarios, se ha hecho una de las más ricas del planeta. La data es el nuevo petróleo.

Vemos como estas empresas tienen en común la información que recolectan de sus usuarios. Es la misma información que luego utilizan para dirigir publicidad a los potenciales consumidores. No han sentido que en ocasiones el mismo anuncio o banner los persigue a cada página que acceden?. Pero eso no es todo. Los complejos algoritmos que utilizan, toman nuestras preferencias de consumo y luego la analizan y nos la devuelven en la forma de más ofertas y productos de nuestro agrado. Es lo que hacen Netflix y Spotify para ofrecernos exactamente lo que queremos.

Todo esto ha venido planteando de un tiempo para acá un debate acerca de si los usuarios deberían ser compensados. Después de todo, somos los titulares de la data, generamos las fotos, videos y todo lo que compartimos en la Web. Toda esa información, es recopilada, organizada y analizada por estas empresas. En algunos casos, es compartida con terceros. Lo que ya ha provocado la atención de organismos reguladores en EEUU, Europa y otras latitudes, a propósito del caso Facebook–Cambridge Analytica. 

Pero el debate se ha adentrado mucho más allá del campo de la privacidad. Supongamos que estoy de acuerdo en que Google, Facebook y otras empresas recolecten la data de lo que veo, comparto y doy click. Que luego me bombardeen con publicidad y ofertas. No debería uno como usuario ser compensado?. Después de todo, para éstas y otras empresas la data de sus usuarios es uno de los activos más importantes, si no el más importante que poseen. Imaginen por un momento a Google, Facebook, Amazon, etc. sin las informaciones del comportamiento de sus usuarios?.

En el futuro creo que encontraremos más casos a favor de retribuir la información personal que es compartida, en la medida de que aumente la conciencia y las implicaciones de este tema. Ya hace tiempo por ejemplo, que las instituciones que manejan la data financiera y los records médicos comparten informaciones con terceros (por un precio). Las formas que puede tomar la retribución pueden incluir ofertas especiales o rebajas en artículos, productos y/o servicios, aunque también es posible que el pago sea en dinero. De todas formas, lo que suceda en EEUU y Europa nos dará una idea de por dónde viene el asunto.

Bono: Recientemente hice un podcast sobre este tema, aquí lo comparto con ustedes.